Respiré del aliento de su alma.
Me embebí de su alegre risa.
Me sumergí entre su pelo de brisa;
me embriagué de toda una dama.
Inundé en sueños la sudada cama.
De organdí acariciada su piel lisa.
La embutí en pantalón y camisa;
así soñé a la esbelta dama.
Como las estrellas fulgurosas,
como las ligeras mariposas,
como sus envolturas vaporosas.
Así se desvaneció el sueño
de unas fugaces noches hermosas;
de un fugaz amor sin dueño.
MANUEL GOMEZ.
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