viernes, 12 de agosto de 2011

LA DAMA VAPOROSA



Respiré del aliento de su alma.

Me embebí de su alegre risa.

Me sumergí entre su pelo de brisa;

me embriagué de toda una dama.


Inundé en sueños la sudada cama.

De organdí acariciada su piel lisa.

La embutí en pantalón y camisa;

así soñé a la esbelta dama.


Como las estrellas fulgurosas,

como las ligeras mariposas,

como sus envolturas vaporosas.


Así se desvaneció el sueño

de unas fugaces noches hermosas;

de un fugaz amor sin dueño.



MANUEL GOMEZ.

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